En Colombia no hay que salir a la calle para sufrir un atraco

mayo 05, 2020

Por Francisco Sánchez
Presidente Asociación Colombiana de Empleados Bancarios (ACEB)

En su columna del domingo (03-05-2020) denominada irónicamente “Llegó la quincena”, publicada por el diario El Tiempo, German Vargas Lleras, el eterno candidato presidencial, destapa las cartas de lo que será la reforma laboral que reclaman los gremios más poderosos y que le fue presentada al gobierno de Iván Duque, con quien ya la discutieren en reciente reunión realizada en el palacio presidencial.
Lo de Vargas Lleras no es una genialidad de su propia cosecha, corresponde a una determinación del Consejo Gremial Nacional que le fue presentada al hoy Presidente de la República, desde antes que asumiera la dignidad de primer mandatario, solo que no habían encontrado el momento adecuado para sacarla adelante. No es coincidencia que el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, hubiera dicho en días pasados, en un debate ante el Senado, que se hacía inevitable una nueva reforma tributaria, por lo que anunció que en próximos días sería decretada una segunda versión de la Emergencia Económica.
Lo primero que queda claro es que la sociedad colombiana está dividida en dos sectores: uno pequeño, pero con mucha capacidad económica al que pertenece la mayoría de los dirigentes de los partidos tradicionales, los gremios, la gran burguesía y los parásitos, que toda su vida la han pasado desangrando las arcas del estado y que hacen parte del puñado de familias (López, Lleras, Pastrana, Uribe, Char, etc.) que históricamente se han transferido el control de los destinos del país de generación en generación; y el otro, el inmensamente mayoritario al que pertenecemos los trabajadores, los sectores progresistas y el pueblo en general, que no tienen un empleo, no cuentan con seguridad social y por estos días, se debaten en medio de la más absoluta miseria.
Los dueños del país decidieron que es el momento de descargar sobre los hombros de los trabajadores los devastadores efectos de la crisis generada por la pandemia del Covid-19 y pareciera que el confinamiento les ha despertado un apetito desenfrenado, porque según Germancito vienen por todo, veamos apartes de su columna:
Por otra parte, es claro que la situación actual ha puesto los reflectores en la necesidad de adelantar la muy aplazada y urgente reforma laboral y, además, adoptar una serie de medidas con efectos transitorios. Dentro de esta segunda categoría, debería pensarse en la reducción de los salarios y la revisión de los contratos de trabajo y las convenciones colectivas, las cuales pueden suspenderse. Para ello sería indispensable reconocer la existencia de una anormalidad económica en los términos de los artículos 50 y 480 del Código del Trabajo.
Debería, igualmente, permitirse el salario mínimo por horas, que posibilitaría avanzar en la formalización del empleo. También se deberían flexibilizar los horarios de trabajo, dadas las actuales medidas de aislamiento y la necesidad de hacer turnos nocturnos, dominicales y festivos. Estos cargos representan el 75 % de los costos para un trabajador con salario mínimo.
Por supuesto, habría que pensar en eliminar transitoriamente las primas de junio y diciembre. Si no hay con qué pagar los salarios, mucho menos las primas, que valen más de $ 1 billón si tan solo calculamos los salarios mínimos. A estas alturas, ¿qué estará pensando el Centro Democrático de su propuesta de una prima adicional?
Y también de forma transitoria suspender las cesantías y los intereses de cesantías, que cuestan bastante más de $ 2,3 billones. Hay que repensar también, en estas épocas de teletrabajo, en eliminar para estos trabajadores los subsidios de transporte y las dotaciones obligatorias. Solo el subsidio cuesta más de $ 600.000 millones por mes.
Para las nuevas contrataciones, hay que flexibilizar los costos de despido y avanzar con una política agresiva de formalización del empleo. Esta crisis ha puesto al descubierto la enorme fragilidad del empleo en Colombia, de la mano de su altísima informalidad. Solo para citar algunos ejemplos, pensemos que, en Cúcuta, antes de la crisis, la informalidad era del 72 % y en Sincelejo, del 67,5 %.
Reiteramos, todo esto no es más que el compendio de las aspiraciones de los dueños del país, que se la jugaron a fondo para impedir el triunfo de un candidato alternativo, fiel expresión de los intereses del pueblo, hablamos de Gustavo Petro, a quien Duque derrotó, pero no en franca lid, sino con la unidad y la plata de los más grandes monopolios. Se trataba de darle un nuevo mandato al candidato que dijo Uribe, y con ello hacerse al control de las decisiones del Estado.
Uribe y su gente consideran que el confinamiento es el momento ideal para sacar adelante sus oscuros propósitos, pero el sindicalismo, las organizaciones sociales, la sociedad civil y el pueblo en general piensan lo contrario; estamos confinados, pero el supuesto aislamiento no nos impide prepararnos para dar inicio a las acciones que debemos desarrollar en las calles de toda la República, debemos retomar las experiencias de la movilización del 11 de noviembre de 2019, para salir al combate organizado, bien estructurado y sin ninguna vacilación, alejados de prácticas terroristas. Una vez se levante el confinamiento saldremos todos a librar la batalla por nuestro derechos y a demostrar que unidos todos, somos una fuerza invencible.
Bogotá D.C., 5 de mayo de 2020

Share this

Related Posts

Previous
Next Post »